BIENVENIDOS

Hola amigos del planeta, bienvenidos a este sitio, en el que encontrarán textos originales del autor, cuentos y poemas, algunos de los cuales están escritos en náhuatl debido a que en el municipio de Rafael Delgado, Veracruz, México, aún se conserva esta lengua nativa de estos lares.(Pedro Enríquez Hdez.)



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13 ene 2012

ABANDONADO


 ABANDONADO

Siguiendo con lo que les decía ayer, el individuo estaba dispuesto a suicidarse, se le había cerrado el mundo. El último vecino que le preguntó la razón de sus graves preocupaciones, él respondió simplemente que ya no tenía sentido vivir. Explicó que su esposa, la norteamericana, se le había ido y él ya no tenía dinero para ir a buscarla en el país vecino.

-Por eso –dijo.

Amaneció y vio que el cielo estaba amarillo a pesar de que estaba totalmente despejado. Quiso escuchar música, pero no pudo. Tiró del mueble su minicomponente y lo pateó con fuerza, partiéndose en tres, cuyos pedazos fueron a dar hasta la calle y por poco lastimaba a una niña que iba pasando por ahí con su mamá. La señora masculló unas palabras que no se alcanzaron a escuchar. Él contestó con una grosería impublicable.

Vio que llegó una parvada de aves y éstas se colocaron en su cabeza, lo cual le nubló más la vista. Se las quiso quitar. Se sacudió con las dos manos dando brincos. No soportaba la casi total oscuridad. Eso lo motivó a salir de su casa. Afuera respiró hondo y se sintió un poco más liberado. Sus ideas le decían que arriba de un árbol podría estar mejor. Regresó adentro de su casa y buscó un cordel. Encontró una reata que estaba en la bodega. 

Salió de nuevo y se alejó de su casa. Llegó a un bosque, donde se veían algunos árboles. Escogió uno, el más alto y frondoso. Tiró con fuerza la punta de la cuerda, la cual logró pasar arriba de una gruesa rama. Formó unos nudos en la reata para poder subir. Empezó a escalar. Se cansó de las manos. Se quedó quieto.

Cuando volteó a ver, notó que estaba ahí su abuelo materno, que llevaba  mucho tiempo sin verlo.

-Hola, hijo, ¿qué estás haciendo? –preguntó el anciano.

-Nada, abuelito, aquí trato de subirme al árbol porque siento que me sentiría mejor estando arriba.

-No hijo, no te subas. Ven, mira te presento a un amigo.

Miró y vio a un personaje extraño, pero de rostro muy amable. Era una persona muy especial. Sin decir palabras, lo tomó de las manos.

-Bienvenido –dijo dulcemente el extraño personaje.

-No entiendo nada –expresó el suicida-. A ver, abuelito, dame una explicación que está sucediendo. Quién es esta persona y por qué al tomarme de las manos se me fue todo el malestar que sentía hace unos momentos.

-Calma, hijo. Tú también ya está al otro lado. Acabas de pasar conmigo.

Empezó a llorar de tristeza y de alegría. Lloró amargamente al darse cuenta que un ángel y su abuelo lo estuvieron acompañando estando vivo. El ángel le comentó que siempre le indicó el camino a seguir pero él pocas veces obedeció.

-Tú cometiste muchos errores en la vida corpórea –dijo el ángel-. Pero no te preocupes. El Creador y los Seres de Luz te daremos otra oportunidad para que regreses de nuevo al mundo físico, no precisamente al planeta Tierra, para que sigas evolucionando. Pero, claro, eso será en otra etapa de tu vida.

Los vecinos se acercaron al árbol. El individuo estaba colgado. En la página policiaca de los diarios coincidían los titulares. “Se suicidó porque lo abandonó su mujer”.


10 ene 2012

RUMBO A LA ERA DE PIEDRA

RUMBO A LA ERA DE PIEDRA


Se han callado las aves mientras que la tierra se retuerce de dolor por el daño que le ha hecho el hombre.

En los cauces secos de los ríos hay sólo hojarascas donde serpentea el reptil en busca de agua.

Los cerros están pelones, los traficantes de madera sólo suspiran en vez de sembrar árboles.

La tierra nos da un mensaje incompleto. Nadie sabe qué es lo que dice realmente. Todos saben que algo va mal, pero nadie entiende nada en concreto.

El tiempo de lluvias va a los extremos y causa inundaciones exageradas. El tiempo de fríos sepulta a ciudades enteras con el hielo. Las sequías causan incendios y bajan los niveles de agua.

Es el fin del mundo, dicen algunos. Es el castigo divino, alegan otros. ¿Pero qué es el fin del mundo? ¿Sería la destrucción total de la humanidad, donde ya no quedaría ningún ser vivo?

Eso no sería posible. El planeta está joven. Si desapareciera el hombre de la faz de la tierra pronto reverdecería de nuevo y este hábitat se convertiría una vez más en un verdadero paraíso.

Nadie sabe qué piensa el planeta, el Ser Vivo que amamanta al hombre. Se deshielan los polos. No hay marcha atrás. La Tierra perderá su equilibrio de rotación y cambiará la posición de su “eje”. Eso provocará cataclismos. Muerte. Destrucción de ciudades, de países.

El hombre de la civilización actual pasará a la era de piedra. Vivirá en cuevas. Vivirá de la caza. Será nómada nuevamente. Perderá la memoria de su avance.

Hoy en día nadie valora la era actual. Es el resultado de una paz natural de muchos siglos. Esa paz ha permitido el avance y crecimiento de las civilizaciones actuales.

El hombre presume de haber dominado la naturaleza, pero no hay verdad en eso. Es la naturaleza que ha estado quieta y el hombre ha podido aprovechar para su avance.

El Planeta Tierra no es del hombre, el hombre es del Planeta. Es ridículo querer “adueñarse” del mundo.

A nadie le interesa salvar la Tierra aunque el hombre siga haciendo protagonismo con la “Hora del Planeta”. Salvar al Planeta es paralizar las actividades económicas en su totalidad. Es frenar de tajo la natalidad en el mundo. Es ir por propia voluntad a otra era. Pero eso es imposible.

El planeta es patrimonio universal. Es propiedad de otras civilizaciones no terrestres. Pero más allá de todo eso, es propiedad de un Creador.

La ciencia y la tecnología han avanzado para beneficio múltiple del hombre, pero no han llegado y nunca llegarán a controlar la naturaleza.

Y los japoneses lo saben.
Y los que están mirando también lo saben.

27 nov 2011

PERSECUTOR


PERSECUTOR

Se sintió perseguido, hostigado, buscado, rastreado, cazado, acosado, acorralado…
Su persecutor iba tras él cada vez que emprendía una salida.
Entonces vino a su mente lo más macabro que había hecho en su vida: matarlo.
Para hacerlo tenía que conseguir un arma; una pistola, por ejemplo.
Pero no tenía dinero.
Tuvo que botear en las calles y en los camiones de pasaje, diciendo que el dinero era para su madre quien estaba enferma.
Compró un revólver viejo de seis tiros pero sólo podía disparar cinco balas, la última se quedaba atorada en el cilindro.
Más el persecutor seguía ahí, cerca, muy cerca de él, por lo que la operación de compraventa la hizo con mucha prudencia para que el enemigo no pudiera enterarse del plan.
Planeó matarlo de noche.
Al salir sigiloso de su casa vio que no había nadie.
Miró por todos lados entre la oscuridad, con la pistola en la mano y con el cartucho cortado.
Pero nadie.
Se quedó parado ahí, afuera de su casa.
Amaneció.
Con la luz del sol vio de nuevo a su enemigo.
Sin mediar palabras, giró rápidamente y descargó las seis balas; sólo que la última no disparó, quedó atorada en el arma.
Su sombra siguió ahí.
“Hoy me doy cuenta que sólo muerto yo, desaparecería mi enemigo”, dijo al ver que su sombra no murió.


HORMIGAS


HORMIGAS

Un libro y una hormiga quedaron platicando largo tiempo.
Llegaba el día y llegaba la noche y la conversación se estiraba como una espiral hasta las profundidades de los océanos.
Los peces se asustaban.
La hormiga se enamoró del libro.
Hizo un hoyo enorme en la tierra y acondicionó su nido con muchas hojas de distintos árboles. Invitó a muchas hormigas más.
Hasta ahí se llevó al libro.
Lo cortó en mil pedazos y se los dio a la enorme población de insectos.
A partir de ahí todo cambió.
Las hormigas se hicieron sabias.
Ahora todos los días salen a cortar hojas y hojas de los árboles para hacer más libros.

23 nov 2011

ZARIGÜEYAS


ZARIGÜEYAS
A la Peke con amor

El tlacuache

A un ladito de mi casa hay una barranca grande en donde casi nadie entra. Ahí pasa un arroyo. En las laderas de esa barranca hay hoyos en donde viven los tlacuaches.

Una vez mis papás me compraron dos patitos. Uno era macho y la otra hembra.

En cierta ocasión escuchamos ruidos afuera de la casa. Cuando salimos vimos que había un tlacuache que se quería comer a los patos, cuando éstos ya eran grandes.

El tlacuache ya no los pudo comer y mejor les ofreció su amistad.

-A ver patos, no me tengan miedo, no les haré nada –dijo el tlacuache-. Mejor les propongo que seamos amigos.

-Está bien, tlacuache, a partir de ahora somos amigos, contestaron los patos.

Un día el tlacuache se cayó en el agua del arroyo. Pedía a gritos auxilio porque se estaba  ahogando. Los patos al escucharlo lo fueron a ver.

Los dos patos se ayudaron y salvaron al tlacuache. El tlacuache agradeció el buen gesto de los patitos.

Una vez más se dijeron ser grandes amigos.

La amistad es muy importante porque permite ayudarnos cuando estamos en problemas.

Amor y respeto

Mis padre me compraron dos patitos, uno era macho y la otra hembra.

Me dijeron que debería de cuidarlos y quererlos mucho porque eran mis mascotas. Yo les contesté que sí.

Un día salieron todos de viaje. Me encargaron cuidar bien a las mascotas.

A un lado de mi casa hay una barranca y en la noche salen de ahí unas zarigüeyas en busca de alimentos.

Pero en la noche me quedé bien dormida y no escuché en qué momento las zarigüeyas o tlacuaches se metieron al corral y se comieron mis patos.

Llegaron mis padres y yo me asusté mucho porque no pude cuidar bien a las pequeñas aves.

Cuando vi a mi papá parado en frente de mí sentí mucho miedo.

Mi papá se me quedó mirando sin decir palabras. Yo quería llorar. Hubo un silencio. Pero para mi gran sorpresa, mi papá me dio un abrazo fuerte y me dijo:

-Tranquila, princesa. Quiero que sepas que tú eres más importante que un pato, y no tiene caso pelearnos por lo que pasó.

La actitud bondadosa de mi padre me hizo recordar que en mi casa existen dos valores muy importantes: Amor y respeto.

El tlacuache y La Paca

Primero escuché el sonido de sus dedos en las láminas de la casa. Dije “es un tlacuache”.

Poco después percibí ruidos fuertes en el corral de las aves. Eran las dos de la mañana. Tomé la linterna de mi papá y salí para ver que ocurría. Los patos ya no estaban en el corral.

Ahí, cerca del corral, estaba parado un tlacuache, mientras que mi perrita La Paca estaba ladrando en el fondo de la barranca.

La llamé.

-Pacaaa

La Paca en seguida se acercó a mí.

-Mira –le dije, señalando a la marmosa mexicana, zarigüeya o tlacuache, que estaba enfrente de mí.

La Paca, con mucho cuidado, se acercó a olerlo. Y al comprobar que se trataba de un animal, se lanzó sobre él mordiéndolo en el lomo. La marmosa enseguida se tiró al suelo fingiendo haber muerto.

Conseguí un pedazo de mecate y lo fui a amarrar en la azotea de mi casa para poder verlo bien al día siguiente y luego soltarlo.

Enseguida salí a buscar a la patita que no estaba. Oí que andaba en el arroyo. Bajé a la barranca entre la oscuridad y la fui a traer.

Luego me fui a dormir de nuevo. Al día siguiente, muy tempranito, fui a ver al tlacuache que lo había dejado amarrado arriba de la casa.

En el lugar sólo encontré el mecate atorado en la punta de una varilla metálica. La zarigüeya se había soltado. Dije “está bien, después de todo el animalito debe estar libre”.